Lo que más me llevo de este módulo es que la evaluación en línea funciona mejor cuando se planifica como parte del aprendizaje y no como un paso final para poner una nota. La idea del "taburete de tres patas" me pareció muy clara: si solo evaluamos al final, perdemos la oportunidad de saber qué traen los estudiantes y de corregir el rumbo mientras aprenden.
También me hizo reflexionar sobre la integridad académica. Las herramientas de supervisión y detección de plagio son útiles, pero creo que la mejor estrategia es el diseño de la propia evaluación. Cuando las preguntas se basan en escenarios reales y piden al estudiante aplicar, justificar o tomar decisiones, copiar una respuesta de internet deja de ser útil. En ese sentido, coincido con quienes mencionaron los exámenes a libro abierto: si la pregunta está bien planteada, el material de consulta ayuda a pensar, no a hacer trampa.
En mis cursos, planeo empezar cada unidad con una breve encuesta diagnóstica, incluir actividades formativas con retroalimentación rápida (incluso en audio, que se siente más cercana en un entorno virtual) y transformar algunas preguntas de memorización en casos prácticos con rúbricas claras. Creo que así los estudiantes entenderán mejor qué se espera de ellos y la evaluación servirá realmente para aprender.