El aprendizaje activo es un enfoque educativo que enfatiza la participación activa de los estudiantes en su proceso de aprendizaje, asignando la responsabilidad del mismo a ellos mientras el docente actúa como facilitador. Este método, impulsado en las décadas de 1980 y 1990 por un informe de la Asociación para el Estudio de la Educación Superior (ASHE), promueve habilidades de pensamiento crítico y una comprensión profunda del contenido al ir más allá de las lecciones magistrales tradicionales. Las prácticas de aprendizaje activo han demostrado mejorar la motivación y satisfacción de los estudiantes, fomentando un entorno educativo más atractivo y colaborativo. Sin embargo, su implementación puede enfrentar barreras, como la resistencia a cambiar métodos de enseñanza tradicionales, lo que subraya la necesidad de formación y apoyo institucional para los educadores.